Una despedida vacía

Después de tanto tiempo… no hay palabras de su parte y hasta pido un abrazo para al menos confiar en esos viejos tiempos, y que me pueda agarrar en eso en el tiempo de recuperación. Pero no lo hace, no viene y me da un abrazo. Estará muy molesto y como siempre eso explica cualquier comportamiento negativo. Pero ni rogándole por el abrazo pude obtenerlo de mi iniciativa propia.

Ahí está pegado al celular, hablando con gente y ni si quiera se atreve a dármelo, quizás espere que me levante ya que siempre le tuvo miedo a darme un abrazo en mi cama, quizás cuando me bañe para evitar olores o quizás realmente no entiende una petición tan básica.

Me parte el corazón y es mejor que vaya donde mi terapista.

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